CENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO
CENTRO CULTURAL SAN FRANCISCO SOLANO. Princesa de mis petalos


























PRINCESA DE

PRINCESA DE MIS PETALOS

-Blanco mi nacimiento, verde mi vivir, roja voy poniéndome cuando intentas abusar de mí.

Esto le iba cantando “la Mora” al joven “Calabazo”, cuando marchaban cogidos de la mano para llegar a un caseto medio derruido en las eras del pueblo para jugar a papás y mamás.

Mientras caminaban “Calabazo” recordaba lo que le dijo el cura del pueblo un día que fue a confesarse, mucho después de hacer la Comunión:

--Hijo mío “Calabazo”, las malas inclinaciones y señales malas vencen a la virtud, sobre todo las de la Carne cuando uno es mal inclinado, vicioso, ladrón, falsario y cosas semejantes, como somos una gran mayoría de los que servimos al Señor.

Llegaron al casetón y se echaron sobre el suelo, mientras “la Mora”, que iba sin bragas, le decía a “Calabazo”, subiéndose el vestido hasta el cuello:

-Nosotras somos frutas muy sosas, que sé que querrás, pero cuando yo te quiera, tu capullo haré estallar.

Naranja como una zanahoria y brava como una guindilla, “Calabazo” sacó su pilila, que ella cogió entre sus manos, no sin antes atarla con el verde lazo que adornaba su cabeza.

Mientras ella se la frotaba entre los dedos de sus dos manos, y la partía en pedazos, “Calabazo” gritaba excitado:

-Princesa de mis pétalos, como ves mi pilila es capullo titiritero cuando la subes y bajas, que adornará bien tu Raja y tu garganta con un “sí quiero”.

Antes de él eyacular, ella, puesta de rodillas estilo perro, le dijo:

-Ven, corre, no te corras, métela en este mi redondo culo como el mundo; que quiero sentir que me despedazas y me reduces a pellejo cuando el jugo todo de tu pilila en mí estalla.

Antes de llegar a su linda esfera, “Calabazo” eyaculó sobre unos escarabajos peloteros que estaban haciendo sexo, diciéndole al mismo tiempo que le besaba el Ojete:

-Uno sólo no es nada. En el verano y en pleno enero, ya juntos, porque ahora nos vamos a pinchar nuestro dedo corazón con este alfiler de casamiento, juntando nuestra sangre, bien llenaremos con nuestro Amor este caseto de los pastores; pues no es lo mismo sentir mi tubérculo que estalla, que amar tu culo, penetrándolo.

“La Mora” y “Calabazo” llegaron a casarse, y vivieron porque rieron de lo que hicieron.

Cuentan las comadres que “la Mora” les decía cuando salían al mercadillo de la plaza del pueblo:

-Mi “Calabazo” siete la vacía y siete me hincha al día. Es un verdadero macho.

-Daniel de Culla